Quien no se ha sentido confundido al enfrentarse al sin sentido de los espesores de tubería por primera vez? En este cuento corto al estilo de Kafka reflejamos ese sentimiento.

K. fue citado al Departamento de Especificaciones sin previo aviso. Al llegar, nadie lo recibió; simplemente encontró una puerta entreabierta, un escritorio cubierto de papeles amarillentos, y al fondo, una figura encorvada revisando con meticulosidad un legajo. Nadie habló. K. se sentó. Esperó. Finalmente, un empleado —de rostro inexpresivo y sin nombre— deslizó hacia él un formulario y un conjunto de tablas. —Debe elegir la tubería adecuada —dijo.
K. miró las tablas. Eran páginas y páginas de números, siglas, y columnas que no guardaban relación lógica aparente. Había cédulas: 10, 20, 40, 80, 160… Pero al revisar los espesores correspondientes, notó que cambiaban según el diámetro. No había proporción fija, no había regla estable, solo una ilusión de estructura. —¿Pero cuál es el espesor real de la cédula 40? —preguntó. —Depende del diámetro —respondió el empleado sin levantar la vista. —Entonces no es un espesor, sino otra cosa. ¿Qué significa realmente “cédula”? —Lo que está escrito —respondió el hombre, señalando con una pluma temblorosa la tabla sin mirarla. —Pero no lo entiendo.
El empleado suspiró, como si esa confesión hubiera quebrado una norma tácita. Se puso de pie, caminó hacia un archivador oxidado, sacó otra tabla aún más extensa y la colocó sobre la anterior. —Ésta también deberá consultarla.
K. sintió una presión invisible en el pecho, como si las paredes del despacho se inclinaran lentamente hacia él. En los márgenes de los documentos había anotaciones en tinta roja, cifras corregidas a mano, asteriscos que remitían a notas ausentes. Los espesores seguían cambiando, no por leyes físicas, sino por decisiones que se perdían en el pasado. Era como si el acero se definiera por decreto.
Levantó la vista. El empleado ya no estaba. Solo quedaban las tablas, apiladas en una montaña que parecía crecer por sí misma, como si el absurdo se alimentara del intento de comprenderlo.
K. pensó en levantarse, en marcharse. Pero no podía. La solicitud estaba en blanco aún. Y en algún lugar —le habían dicho— había una sanción para quien errara en la selección de cédula.
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Si, es frustrante. Por esa razón organizamos una tabla donde se pueden encontrar los diámetros, espesores y pesos en unidades del SI así como de USA.